Respeto y herejía

Este no es un análisis textual de la novela de Víquez[1] sino de dos textos-video sobre la recepción dicho texto, en especial un fragmento[2]: “Polémica por fragmento de novela donde personaje fantasea con la virgen” y “Fragmento de novela enfureció a autoridades católicas”, publicados en la página web de Repretel y reproducido en sus redes sociales el día 21 de septiembre de 2016.

En la nota “Polémica por fragmento de novela donde personaje fantasea con la virgen” los dos presentadores dicen, en un tono serio (tono que se guarda para terremotos y el presidente levantándose en protesta ante un presidente que no es el de Venezuela) “se trata del personaje de un sacerdote, teniendo una fantasía sexual con La Virgen María”. Luego, tomas de Alí Víquez con narración de una periodista femenina sin identificar que establecen datos biográficos además de repetir el contenido principal: la novela de Víquez ha insultado no solo a la Iglesia sino a los fieles y por lo tanto al ser costarricense.

El discurso periodístico establece frases dentro de la doctrina Cristiana como “herejía” o “santidad” como hechos irrefutables y contemporáneos.

En “Fragmento de novela enfureció a autoridades católicas”, la posición oficial de la IC es categórica, en palabras de Monseñor Ulloa: “lo considero como vulgar, que no se le puede ni aplicar a una mujer digna de su nombre, mucho menos a la mujer más santa y sagrada, que es la santísima Virgen María, madre del Hijo de Dios”. A lo que se refiere el obispo es la actividad sexual del personaje bíblico en la novela[3].

Lo Público contra lo público

La noticia también da el marco para que la Iglesia (que aparece incuestionada) cuestione libremente a Radio Pública: la noticia no es solamente la censura de un texto, sino del aparato público que lo produce. La respuesta deseada en el receptor es indignación, enojo, malestar ante las acciones de Radio Pública[4].  Por otro lado, el mediador-juez (Repretel) emite juicios (confunde UN teólogo, con LOS teólogos) que se establecen como hechos.

La respuesta del quemado

En primer lugar, Víquez dice “quería representar yo en él, un poco ese doble discurso de la Iglesia de sostener ciertas cuestiones en público y realizar otras, en privado”. De entrada, la retórica de Víquez contrasta con la de Monseñor: el primero usa adjetivos vagos -“ciertas”, “otras”-, mientras que el Obispo se explana en adjetivos contundentes como “blasfemia”, “irrespeto”. Además Víquez alude al principio de libertad artística[5].

En lugar del fragmento aludido (hay una doble censura, del que el mismo autor es parte: la censura declarada y la omisión de pasarlo en televisión). Víquez no lee el fragmento importante, el “fragmento hereje”, sino que elige leer otro, más acorde –por lo menos más ambiguo- con respecto a la visión de la Iglesia. No deja de sugerir, ambivalentemente, un aspecto fundamental de la doctrina católica: la búsqueda del perdón, el arrepentimiento, la capitulación del pecador ante la Iglesia.

Este fragmento tiene dos propósitos: visibilizar la falta, el irrespeto hecho por Víquez, darle entender eso y sus efectos y además darle la posibilidad de emitir una disculpa vaga (pero dadas las condiciones, suficiente). La respuesta de Alí Víquez frente a los cuestionamientos tiene dos respuestas en una, que señalan una intención explicativa, y luego conciliadora.

Alí Víquez cae, con suma facilidad, en la narrativa establecida por los otros agentes (La Iglesia topicaliza y la periodista que lo entrevista sirve de canal  amplificador) que se vuelve cómplice: termina leyendo un párrafo de su novela que parece desmentir la acusación de herejía, pues revela la “devoción” de otro personaje, anulando la “herejía” del primero. Como víctima de una mini-inquisición, Víquez acepta el relato establecido: ha cometido un crimen, debe explicarse, debe hacer enmiendas.

En conclusión, la respuesta de Alí Víquez –resumida, condensada en unos minutos pero no por eso menos paradigmática- representa muy bien el papel del escritor frente a la cultura popular y al conservadurismo religioso: ambigua, tibia, mermada cuando el enfrentamiento directo aparece. En primer lugar, ¿por qué Alí Víquez no exige leer el fragmento? Después de todo es la evidencia de la culpa que se le atañe. En su lugar lee otro fragmento, de una intención conciliadora. “Hay que leer en contexto”, dice, como explicándose, “no quise hacerlos enojar, no fui mi intención”. ¿Y por qué no? ¿Por qué no habría de querer hacer enojar a la principal aliada del poder, a la defensora del orden desigual, a la que hace campaña contra los derechos de las mujeres y las comunidades LGTB? ¿Por qué Alí Víquez no dice, como Fernando Vallejo cuando es cuestionado por los abusos de poder de la IC, que “el cristianismo es una empresa criminal”? ¿Por qué no menciona la aplastante evidencia que relaciona castidad con abuso sexual? O más radicalmente: la relación del fervor religioso con la frustración sexual.

En nuestro país son pocas las oportunidades en que la literatura o la cultura letrada en se inserta en la vida cotidiana. Los escritores por lo general son agentes desconocidos y marginados por la sociedad (aunque como Víquez, muchos sean parte del aparato burocrático). El ciudadano común no los reconoce ni le interesa. Solamente en contextos como este, son llevados a la pantalla, para ejemplificar el triunfo de los valores judeocristianos, blancos, heterosexuales, de libre mercado.

Víquez mantiene una valentía a medias: por un lado produce un texto, pero por otro, es cómplice en establecer caminos de lectura que lo redirijan a estadios seguros para los aparatos del poder.

[1] El fuego cuando te quema, UNED, 2015.

[2] http://www.amprensa.com/2016/09/audio-emisora-estatal-transmitio-extracto-de-novela-que-describe-como-la-virgen-maria-perdio-virginidad/

[3] Deja entrever, también otro debate prohibido: el deseo femenino. De plano el obispo establece la relación entre santidad y castidad: la más santa es la más casta y viceversa, cuestionar la castidad es hacer lo mismo con la santidad.

[4] Esta noticia se inserta en el macrotema  predilecto de los medios de comunicación masiva en el país desde el año 2010: total desconfianza en el aparato público, máxima vigilancia ante ciertas instituciones del estado (las instituciones culturales, educativas, RECOPE), mientras que otras son incuestionadas (La Iglesia, El poder Judicial).

[5] W. Ulloa, también entrevistado, alude a la libertad creadora, artística. Esta repetición, en principio legal (“el autor como su textos son libres) evita discutir los temas teológicos o literarios, y mucho más importante, la validez de una categoría medieval como “herejía”.

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