Ensayar a Messi

Tenemos a tres escritores – un italiano, un argentino y un mexicano – que han escrito sobre Messi. Los años de esos textos son: 2010, 2012 y 2014. En términos teóricos, estos textos se encuentran entre el ensayo, el artículo y la crónica, por lo que, debido a su carácter híbrido, se pueden calificar como ensayos. Como dice Lilliana Weinberg, tienen un Yo que se hace preguntas, las contesta y las lanza de nuevo en un texto buscando una conversación con un Tú.

Los tres textos se intersecan en temas y discursos sobre Messi, la persona, y Messi el personaje del escenario globalizado. Hay una tendencia general que salta a la vista de inmediato: todos los ensayos cuentan la vida de Messi, retazos de su infancia, sus luchas físicas y emotivas, hasta el brillante presente de éxito. Sin embargo, estos textos no son simples notas biográficas. En principio porque no cuentan el inicio y el final, sino escenas significativas que apoyan la imagen que se quiere construir del jugador. El tono narrativo está supeditado al debate sobre su propio significado, para quien escribe y para quien lee.

Juan Villoro, escritor de ficción mexicano, empieza su texto “Messi: infancia es destino”, con un episodio: cuando era niño, Messi se quedó encerrado en un baño: “El niño que no podía ser detenido por defensa alguno se enfrentó a una cerradura averiada”. Esta escena es una de las más populares en la construcción de la figura mitológica de Messi: el niño se sale por la ventana, llega a jugar el segundo tiempo, anotó tres goles y ganó la copa (y una bicicleta).

Roberto Saviano, quien combina la crónica periodística con la ficción, empieza “Jugárselo todo” –luego de una breve introducción en el presente- también la infancia de Messi, pero en otro de los de temas fundacionales: la enfermedad. Messi es un niño, pero ya no crece: “Junto con la hormona de crecimiento, se detuvo todo. Era imposible esconder el problema”. Esta narrativa recorre las luchas de la familia, la desesperación del niño, la huida de Argentina (el inicio de Messi como sujeto Global) hasta el fichaje del Barcelona y la llegada de la “cura”.

El tema del tamaño alude a una contradicción placentera: Los ensayistas colindan en que Messi es un efecto óptico: algo que hay que ver de cerca (en Barcelona, para Casciari, y en Europa para Villoro y Saviano), un sujeto que contrasta con la grandeza física del escenario (tanto el inmediato, como el estadio, como el global, ser visto por todo el mundo) y la Grandeza, como valor. Messi es el mejor, el más grande.

Hernán Casciari, en el texto que ha tenido mejor acogida, “Messi es un perro”, introduce la actualidad, la necesidad imperiosa por parte del Yo de ver a Messi jugar, de explicar el evento divino e inexplicable, se ve obligado a viajar a la niñez, no del jugador, sino a la propia:

“Yo tenía un perro en la infancia que se llamaba Totín. Nada lo conmovía. No era un perro inteligente. Entraban ladrones y él los miraba llevarse el televisor. Sonaba el timbre y no parecía oírlo. Yo vomitaba y él no venía a lamer”.

“Sin embargo, cuando alguien (mi madre, mi hermana, yo mismo) agarraba una esponja una determinada esponja amarilla de lavar los platos. Totín enloquecía. Quería esa esponja más que nada en el mundo, moría por llevarse ese rectángulo amarillo a la cucha. Yo se la mostraba en mi mano derecha y él la enfocaba. Yo la movía de un lado a otro y él nunca dejaba de mirarla. No podía dejar de mirarla”.

Igual que para los superhéroes, la enfermedad, la orfandad y el trauma son signos del superpoder, de la supremacía por demás inexplicable de un individuo frente a la masa. Significan la lucha humana que subyace en lo excepcional. Los ensayistas se ubican dentro de la masa: “Messi padecía una extraña forma de enanismo”, dice Saviano. Para Casciari la enfermedad de Messi no está relacionada con su tamaño, sino con su mente: “y entonces un día aparece un chico enfermo. Como en su día un mono enfermo se mantuvo erguido y empezó la historia del hombre. (…) Inhabilitado para decir dos frases seguidas, visiblemente antisocial”.

La enfermedad, como la muerte, provoca en el individuo un enfoque increíble: Messi, el enfermo, se concentró en una sola cosa: jugar al fútbol. Todas las preocupaciones cotidianas se desvanecen. El fútbol es la cura y la continuidad de la vida. También es una tautología: Messi es Messi porque de otra manera (Messi no siendo contratado por el Barcelona y así teniendo acceso para el tratamiento para el crecimiento) no hubiera llegado a ser quien es (y es imposible imaginar un mundo sin Messi).  Así que la cura no es tanto la negación de la enfermedad como es la justificación. La enfermedad dicta el destino y la cura lo hace posible.

Los tres autores concuerdan en algo: el viaje como resultado de las crisis, tanto las internas, como las externas. Sobre las segundas, Saviano recalca la crisis económica de Argentina de 2001 como contexto amplio de la ida de Messi a Europa: “Argentina está hundiéndose en una crisis económica devastadora, de la que primero huyen las inversiones, luego también las personas”. Casciari, en Barcelona en la otra crisis, la global, la del 2008.

El escape como solución, el fútbol como escape.  El movimiento luego del desastre. Con esto demostrado, la semiótica del espacio de la cancha, en la que Messi no para, se mueve, no se cae, en el que Messi escapa constantemente como un PacMan en el laberinto, adquiere una dimensión política: los problemas no se evaden, sino que se enfrentan en otro nivel, otro espacio[1].

En medio de la nostalgia, el viaje hacia el pasado también está permitido: Casciari viaja a la niñez, un terreno consolador, para traer el doble de Messi; Saviano hace lo mismo, viaja a 1987 a buscar el otro doble, Maradona: “Cuando Maradona marcaba aquel gol en México, Messi ni siquiera había nacido. Nació en 1987”. Ambos dobles habitan un periodo en el que Messi no había nacido, y lo hacen saber, esto no niega su duplicidad, sino que la afirma: los dobles en ocasiones son El mismo.

Villoro va más lejos y establece la dicotomía entre el Messi jugador y el Lionel persona. Mientras que el primero brilla y es protagonista, el otro es un ser ausente y vacío. Son “el mismo” pero al mismo tiempo no hay comparación. Para Villoro, Messi es un simulacro: no sabemos si lo que se ve en pantalla (o en el estadio) es el verdadero, y, por otro lado, ¿existe un otro además del vemos? ¿Hay alguien además del jugador?

Messi es un héroe posmoderno: su patria es su trabajo, su trabajo es su identidad y el éxito es su razón de ser. No se preocupa por política ni tiene ideas muy definidas sobre nada debido a que no tiene una vida privada (solo quiere dormir, constata Villoro).  Es un perro, un niño. Intentar penetrar esa circularidad es inútil. Saviano dice: “En este sentido las jugadas de Messi pueden compararse con las sonatas de Arturo Benedetti, las caras de Rafael, la trompeta d Chet Baker, las fórmulas matemáticas de la teoría de los juegos de John Nash”[2].

Como sujeto posmoderno globalizado completa su sentido con contenidos del romanticismo, como la purificación vía del dolor, la soledad del genio y la misteriosa naturaleza de la genialidad. Es también mitológico. Un hombre (en este caso un hombre-perro o un hombre-niño) puede ser tan mitológico como un dios. Casciari dice que en el fin del mundo haber visto al hombre-perro hará que Dios le diga que está salvado. Messi es un ser mitológico, pero esto no quiere decir que sea ficción todo lo que sabemos sobre él. Es una contradicción, y nos regodeamos en ella: es un enano, pero el más grande, un hombre y un perro, un enfermo pero el más hábil, el mejor.

La narración de Casciari, más apegada al plano de lo sensible, no solo cuenta su anécdota, sino la “nuestra” también, en tanto que es una invitación al receptor a sentirse parte de una comunidad y revisitar su propia historia personal buscando la clave íntima para personal para “interpretar” a Messi. La oda extrema de la subjetividad tiene dos direcciones: hacia el objeto (Messi), y hacia el sujeto que lo interpreta (el Yo, el lector, etc.).

Para concluir es necesario hacer algunas preguntas: ¿son estos textos una exploración crítica sobre las creencias –incluyendo la misma biografía- alrededor de Messi? ¿Son simples ensayos deportivos dirigidos a un público “culto”? ¿O ensayos filosóficos que iluminan no solo sobre una persona sino sobre lo que significa el éxito en la era globalizada y digital? En términos barthesianos, ¿son crítica de la mitología o parte de esta?

Como autores posmodernos, enmarcan sus anécdotas en un plano ambiguo, que se mueve desde la subjetividad a pincelazos de psicologismo. Como ensayos, los textos, logran hacer preguntas al tiempo que construyen la subjetividad de un Yo. Que se podrían escribir otras anécdotas, desde otros ángulos y decir casi lo mismo.  La única certeza que se presenta, a pesar de los temas románticos, de las crisis económicas como fantasmas, del dolor cristiano, de la vacuidad del éxito, la única certeza es la ya literalmente el objeto-Messi podría decirnos con su voz tímida: a esta altura de la historia, es solamente un juego.

Referencias bibliográficas

Casciari, Hernán. “Messi es un perro.” 11 junio 2012. Orsai. <http://editorialorsai.com/blog/post/messi_es_un_perro&gt;.

Saviano, Roberto. “Jugárselo todo.” La belleza y el infierno. Trans. Juan Vivanco. Barcelona: Debolsillo, 2010. 75-83.

Villoro, Juan. “Lionel Messi: infancia es destino.” Balón dividido. México D.F.: Planeta, 2014. 45-60.

Weinberg, Liliana. La situación del ensayo. Heredia: Editorial Universidad Nacional, 2013.

[1] En otro tipo de análisis, y siguiendo a Marc Augé, el estadio de futbol, especialmente las canchas europeas donde juegan profesionales de todas las nacionalidades, se pueden considerar no-espacios.

[2] Nos preguntamos si los que aman la trompeta de Chet Baker, para hacer su caso sobre la genialidad del músico dicen “Es como ver jugar a Messi”. Caso para otro análisis son las limitaciones retóricas de estos halagos interdisciplinarios. A la literatura se le dice “exquisita”, “deliciosa”, a la música se le llama “poesía” y a la poesía, “música”.

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