El 9 de octubre, en la Revista electrónica de literatura Círculo de poesía, apareció la antología Abolir los signos de pregunta: Poetas de Costa Rica nacidos en los noventa, compilada -con notas explicativas y biográficas- por Gustavo Chaves. Este es un análisis de las notas, no un acercamiento textual del corpus poético. La tesis que mantenemos es los textos de Chaves (o el texto) reproduce ciertas tendencias de procedimiento. En este caso describiremos críticamente estos procedimientos.

Organizamos los procedimientos en dos tipos: los de redundancia (el psicologismo, sociologismo, biografismo) y lo subjetivismo (la conjunción sinestesia-hipérbole y la crítica sensible).  Es necesario aclarar que estos procedimientos o razonamientos se entrecruzan, se sustentan muchas veces para formar argumentos.

Por otro lado, considerando que se deba posiblemente al dictado editorial, evitaremos considerar la falta de metodología para escoger los autores (las teorías sobre generaciones, por ejemplo) como un problema mayor o relevante en el momento. Hay que notar, sin embargo, que estos autores no conforman una generación, sino que su agrupamiento obedece a una cuestión arbitraria y que si se hiciera el análisis correspondiente se podría llegar a la conclusión que, por ejemplo, no hablamos de una generación sino de dos.

En primer lugar, aparece el psicologismo. El psicologismo –no el Psicoanálisis ni los análisis psicológicos sobre el autor- es una proyección de sentimientos, ideas sobre el texto y el autor. Esto ocurre de dos maneras: a) quien escribe –Chaves- proyecta emociones, ideas que no pueden ser comprobadas o son irrelevantes para el análisis. Por el texto se encuentran muchos casos, rescatamos uno: “JUANJO MUÑOZ KNUDSEN vino al mundo mientras Costa Rica vivía su primer mundial de fútbol en Italia, y mucha de esa nostalgia épica se ha filtrado en sus poemas”.

Asimismo, el psicologismo abre la puerta a dos tendencias que se niegan a morir: el biografismo y la mala interpretación de la influencia literaria.

La idea romántica de la “biografía del poeta” traza un correlato entre texto y biografía con el contexto social. Es notable lo innecesario, forzado y absurdo que se hace en autores jóvenes con una obra mínima publicada. El expositor se ve obligado a alargar, sin motivo informativo alguno, las biografías, con chistes, figuras retóricas y demás.  Además, siempre es buena oportunidad para reflexionar sobre el carácter de las biografías.

Sobre la influencia Chaves dice: “leen a Luis Chaves y la mayoría quiere ser Luis Chaves, quizá porque Chaves les aporta inmediatez y les parece vitalmente relevante, pero quizá también porque creen que escribir así es fácil, y no”. No negamos que Luis Chaves es, probablemente, el poeta costarricense actual de mayor alcance, y su influencia en su generación y las generaciones siguientes es visible (incluso a veces la influencia se puede rastrear hasta en autores de generaciones anteriores), sin embargo, afirmar las razones de influencia es simplemente es falso, o al menos tendencioso. La influencia literaria no se reduce simplemente al psicologismo; es una cuestión dinámica, histórica y cultural que debe ser estudiada con detenimiento[1].

El psicologismo es un argumento redundante porque se abstrae lo que se piensa (o se sabe, da igual) del autor y se impregna al texto, y viceversa, se lee el texto como un espejo de la mente del autor. Bajo esta misma lógica aparece el Sociologismo. Es por eso que el término usado es sociologismo y no “sociología de la literatura” o “Sociocrítica”, porque no obedece a una contextualización razonada que ate el texto con el tejido social en categorías y procesos, sino que busca equivalencias apresuradas entre ambos aspectos de la realidad. El texto de Chaves está codificado en estos sesgos, como se muestra a continuación:

“También están los que escriben de día y por las noches llenan los graveyard shifts de algún call center y, por eso, su familiaridad con el inglés es la misma que tenían los modernistas con los nenúfares. Junto a la libertad de espíritu, la juventud costarricense ha heredado la orfandad en relación con aquel Estado Benefactor que les dio comida, salud y trabajo a sus padres, y que dejó de existir poco antes de que ellos aparecieran. No es de extrañar, entonces, que tampoco les interese la literatura escrita con el auspicio de ese Estado”.

El párrafo anterior ejemplifica el sociologismo porque reproduce estereotipos, generaliza y llega a conclusiones apresuradas; degrada el análisis literario a mitos sobre la vida en sociedad.  En este caso, representar el anglicismo en la poesía –que, por cierto, aparece en generaciones anteriores por razones diferentes- como consecuencia única de la labor de call center es además de ignorante, desinformador.

Un contrargumento posible a la crítica que hacemos es que Chaves no dice explícitamente que los “call center producen poesía con anglicismos”, que es solamente para ilustrar su familiaridad. ¿Entonces por qué no ponerlo en esos términos? ¿Es necesaria la asimilación con los modernistas? ¿Añade algo?

Chaves, como muchos comentaristas, no encuentra la manera, en un lenguaje claro y explicativo dentro del lenguaje científico sobre literatura, de dar a entender los rasgos de un poema o movimiento entonces el recurso retórico que se ha usado, casi desde el inicio de la modernidad, con el pico en el Romanticismo, es utilizar “la sinestesia hiperbólica”, como cuando se refiere a la poesía de Carla Quesada “a sus poemas les sobra edulcorante”, o a la Joset Navarro, “sus poemas aún insisten en el bajo preciosismo gaseoso (como un Alfonso Reyes engullido con coca cola)”.  La sinestesia hiperbólica es una sinestesia –se cambia el sentido, el código, el órgano de recepción del fenómeno- utilizada para exagerar, establecer un punto. Es un recurso literario que sustituye el lenguaje científico, algo que no es contraproductivo en sí, pero muchas veces lo que produce es una ambigüedad, oscurece el discurso y en definitiva no apunta al lector a la poesía sino hacia el discurso explicativo.

Estamos tan acostumbrados a este tipo de construcciones que pasan desapercibidas, se naturalizan.  En una completa ironía, pues si hay una frase “chavesiana” es precisamente esta, utilizada para referirse a la poesía de Quintero: “dick pics verbales”, empezando por el uso de material audiovisual no artístico como recurso irónico y verosímil, además de la operación oximorónica (las fotografías son no-verbales).  Si de alguna manera, los poemas de Quintero se asemejan en estructura, significado, tono o intencionalidad a las fotografías de penes enviadas por redes sociales, un análisis más detallado es necesario (algo nos dice que dicha examinación daría un resultado negativo).

Esta manera de entender la poesía, que intenta borrar las diferencias el discurso poético del discurso científico (“todo es texto”, dijo Barthes en el pináculo postestructuralista) no hace más que alejarnos, como medio cultural, de tener discusiones serias sobre la producción literaria. Los comentarios sobre literatura se han convertido en una apología del subjetivismo, privilegiando únicamente la parte sensible de los procesos de recepción. De repente solo importa la mayor parte de la información es lo que el Yo sintió (o que dice que sintió, pues muchas descripciones son inverosímiles). En fin, se obliga al lector a intentar decodificar dos discursos, en lugar de utilizar un discurso (el crítico) para decodificar el otro (el poético).

Es la poesía la que debería venderse a sí misma: si el comentarista no provee un punto de vista claro, comunicativo, contextual, debería dejar la mínima impronta posible, facilitar la vista a los poemas en lugar de intentar entretener. Una frase como la siguiente, refiriéndose a la poesía de Carla Quesada, contiene todas las tendencias descritas anteriormente: “A sus poemas les sobra edulcorante y les falta concisión, pero cuando logra conectar sus emociones con objetos reales (aquello que Eliot llamaba ‘correlato objetivo’), queda a un paso de lo sublime”. Solo falta releer la frase para darse cuenta que no tiene sentido, empezando por la descripción ambigua, la contradicción de establecer que la poesía de Quesada “le falta concisión” pero que también está a un “paso de lo sublime”.

Es entendible que estos textos funcionan más como un comercial que como una mirada crítica, que es publicidad, que todo es en plan de buena diversión, pero tampoco es ese un argumento convincente. Estas antologías son importantes. Se agradece la labor de difusión, por eso es todavía más inexcusable el reduccionismo cómico que intenta Chaves; el tono ligeramente despectivo, jocoso y desinformado puede programar a un lector (posiblemente extranjero, no acostumbrado a la labor de opinólogo que reina en nuestro medio) para tomar los autores –quienes ya se enfrentan al adulcentrismo tradicional del medio- no tan en serio.

[1] Una parte de la teoría estructuralista y posestructualista desechó el término “influencia” por “intertextualidad”.

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